[ARTE]

REALIDADES DESCOMPUESTAS

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Escrito por: Álvaro Álvarez

No hay suficientes imágenes en el mundo, y si las hubiera, toda la imaginería existente parecería inútil.
El collage, el ensamblaje, aparecen hoy como un credo tal, que es común ver tanto a artistas de vanguardia, como a niños de primaria usando dicho medio para crear imágenes. La apropiación de la imagen termina convirtiéndose en un mecanismo necesario para responder a problemas acerca de cómo vemos nuestro mundo y nuestra sociedad.

Diego Benavente es un artista cuya apropiación es específicamente de imágenes de otra época, la misma época de artistas de post-guerra como Andy Warhol, Robert Rauschenberg, James Rosenquist o John Baldessari, quienes también giraron su mirada hacia el material de consumo y de desecho que los rodeaba, para luego reinterpretarlo.
En un punto neural de la práctica del collage se halla la crítica social, la ironía, la lucha política y la burla de la realidad, representadas por medio de la fragmentación.

Todas las imágenes son esclavas de una manera de pensar; un tachón sobre un rostro es un gesto que esconde alguna identidad, pero que al mismo tiempo revela elementos expresivos. De esta manera estaría Benavente reflejando su opinión frente a un imaginario que va desde lo histórico-melancólico como el pop warholiano, hasta un tipo de material menos relevante como lo son esas imágenes de cuerpos de modelos desconocidas, o aquellas figuras de guerra representativas del caos en el que la sociedad vive actualmente.

Sin embargo, hay algo particular que nos sugieren las imágenes de Benavente: nos llevan a pensar en lo relativo de lo real, en lo que una poderosa revista como LIFE puede esconder o revelar, y en cómo con un gesto tan sencillo como tachar, surgen todas estas nuevas categorías. Nos vemos frente a un uso apropiado de la edición de imágenes, que va mas allá de meramente componer (vestigio del arte burgués) y da paso a una postura contemporánea donde no sólo hay algo que decir frente a una realidad, sino que también hay un método para responder a dicho contexto social.

En el collage de este artista no hay signos de cortes; cada elemento parece nacer pegado a otro. El uso particular de revistas y fotos, es también atractivo porque la selección de cada imagen nos habla incluso del mismo Benavente. Al fin al cabo el artista como creador también es el primer espectador… un individuo anónimo que tacha, asocia, dibuja y elige a su discreción la forma en que esas imágenes se disponen.

Su obra nos lleva a preguntarnos sobre la imagen como forma de escritura, como narrativa de la sociedad global. Habla de los discursos planteados sobre un mundo perfecto que, al pasar la página, está envuelto en caos y confusión. Este caos y esta confusión son elementos dominantes tanto en el collage en general, como en la obra de Benavente en particular.

Pensemos en una imagen específica; la de un policía vietnamita ejecutando a un Viet cong: un momento donde el rostro de la víctima ha sido tachado, tal como haría Stalin con sus fotografías para “eliminar” simbólicamente oponentes políticos.
Este es un elemento que permite pensar en la sociedad actual: El individuo actual no está limitado de forma tan directa como en el caso violento que muestra este cuadro, sino que hoy la libertad de expresión está nublada por un hiper-consumo de imágenes vacías, que no cobrarán importancia hasta no ser reinterpretadas mediante gestos artísticos.

Cambiar el mundo no es una tarea fácil, pero cambiar una imagen es algo plausible. Hay cantidades inagotables de imaginarios para ser explotados, y en este juego las intenciones no tienen reglas. Se despliega un medio cultural para que la imagen le pertenezca a todos.
El artista retoma y procesa lo que la sociedad ha creado (cualquier imagen, cualquier publicación, cualquier autor). Pero el fragmento de mundo sólo se revela al recomponerse y ser expuesto.

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