MAGÍA CARIBEÑA

Esta es una historia que tiene raíces en el Caribe colombiano.


Esta es una historia que tiene raíces en el Caribe colombiano, es una historia familiar pero también es mi historia. Mi nombre es Giraldo Mituoka Kagana, soy cubano de ascendencia japonesa, mi piel es como el azúcar morena, mi pelo como un copo de algodón. Mis manos aprendieron a manejar la caña desde muy pequeñas, y con el pasar de los años se han convertido en expertas en el arte de hacer ron.

Todo comienza en los años noventa en un lugar cercano a la Sierra Nevada de Santa Marta, donde desde el cautiverio forzado a manos de un grupo subversivo de corte socialista, Alfredo Riascos Labarces, empresario bananero, vislumbró su futuro: el inminente colapso del proyecto socialista en Cuba y la apertura total al comercio internacional; una visión que lo llevó a buscar fortuna en la isla a través de su hijo Miguel; quien encantado con el romanticismo inherente a la producción de ron en el trópico, se alió con la élite cubana de maestros roneros para producir el mejor ron del mundo en Barranquilla, puerta de oro del Caribe colombiano. Del intercambio con la isla, que culminaría en 2003, quedamos como herencia un amplio conocimiento ronero y yo, que decidí quedarme en Colombia contra las instrucciones del Régimen, argumentando que desde aquí le era más útil a mi familia.

Doce años después, llevo a cuestas el mérito de haber forjado la identidad ronera colombiana al perfeccionar su método y crear desde Casa Santana, en Barranquilla, rones de talla mundial como La Hechicera, el más premiado en la historia de Colombia y uno de los más reconocidos a nivel mundial; una mezcla de rones añejados de 12 a 21 años en barricas de roble blanco americano, hoy presente en más de veinte países del mundo.

Es así como después de largos años y con la tranquilidad del deber cumplido, decido regresar a mi isla por primera vez en más de una década a reencontrarme con los míos, pues allí tengo muchos que preguntan por mi; pero mi visita, más que para cumplir con los vivos, es para honrar mis deudas con los muertos, pues lo cierto es que a mi edad son muchos los que dejamos en el camino.

Arribé coincidencialmente a la isla el 25 de noviembre de 2016, día de la muerte del comandante Fidel Castro, día en el que vi cerrarse el ciclo que Alfredo Riascos no vivió. Y aunque debido a que nunca regresé a vivir a la isla y mi destino sea incierto, mi corazón sigue en Barranquilla, la ciudad donde realicé mi sueño: convertirme en maestro ronero y hacer el mejor ron del mundo: La Hechicera. Regresaré entonces: mis manos lo exigen y mis barricas lo esperan.