Jakob+Macfarlane, la firma francesa, es la artífice del proyecto The Orange Cube, ubicado en Lyon, Francia, que se terminó de construir este año tomando casi 6 años en completarse. El nombre de este edificio retrata lo que es… un cubo cuyo color naranja se debe a la zona portuaria en que se encuentra pues recrea la pintura a base de plomo utilizada industrialmente en este tipo de lugares.
El propósito de este proyecto es revitalizar los muelles de la riviera de Lyon bajo un nuevo concepto cultural y comercial sin desperdiciar las ventajas que ofrece la herencia industrial. Es así como aquellos elementos que antes tenían una connotación puramente funcional, pasan a ser el escenario de la experimentación arquitectónica involucrando los ingredientes propios del área (bodegas, muelles y plataformas). En definitiva, el Orange Cube resalta autónomamente dentro de este ambiente de trabajo.
Nació de la necesidad de crear flujo de aire, de lograr un buen manejo de temperatura, y de utilizar luz natural, y se concibió como una gran estructura cúbica a la que le hubiera sido extraído el contenido, tal como el acto de pelar la naranja dejando intacta la cáscara y desechando el relleno. A la superficie del cubo resultante se le extruyeron pedazos que rompen con el equilibrio del edificio: El corte en la esquina noroccidente de la fachada, en la cubierta y en el nivel de la entrada, son volúmenes cónicos recortados del cubo que generan un aparente desequilibrio geométrico.
Cada perturbación o extracción crea nuevos espacios y permite una relación entre el edificio y sus usuarios que varía tanto visual como geométricamente de acuerdo al lugar en el que el espectador se encuentre situado.
Y es que Jakob+Macfarlane siempre juegan a desdibujar el límite entre interior y exterior; otro ejemplo de esto es el armazón cubierto por una malla agujereada perforada cuyo diseño es la abstracción de los movimientos del río. Esta forma porosa produce una sensación de “gran espacio abierto” desde el interior del edificio y facilita aún más la circulación de aire fresco y la entrada de luz. El motivo de agujeros encuentra repetición en algunas áreas internas, facilitando así la conexión visual entre distintos sectores dentro del edificio.
El Orange Cube tiene 5 pisos, cada uno con balcones que funcionan como puntos informales para reuniones espontáneas. El primero de estos tiene altura doble y alberga un salón de exhibiones y ventas, mientras que el último lleva a una enorme terraza desde la cual se puede admirar la ciudad de Lyon, la colina de la Fourvière y el proyecto urbanístico de Lyon-Confluence.
Jakob+Macfarlane logró un proyecto que integra y reevalúa el espacio en que se sitúa, componiendo un edificio de gran superficie pero con un cuerpo ligero que responde a las necesidades específicas de funcionalidad y medio ambiente. Si para el espectador la estética del edificio es gratuita, si es demasiado naranja, o si recuerda a un queso añejado, son temas que no logran quitarle vanguardia.










