Natalia Castañeda
Solemos pensar erradamente que el artista ejerce un dominio absoluto sobre la materia, que bajo su condición inerte no tiene mayor posibilidad que abandonarse a las manos caprichosas de él. El trabajo de Natalia Castañeda es un ejemplo perfecto de nuestro error. Tanto sus esculturas como sus pinturas demuestran la condición de noble rebeldía de los materiales, que no se someten absolutamente al propósito del moldeador, sino que guían pacientemente sus manos en un trabajo conjunto. Es decir, en medio del trabajo transformador que ejerce el artista sobre los materiales, existe también un ejercicio inverso de los materiales sobre el creador, que puede llevar sus manos sólo hasta donde ellos se lo permiten.
Este doble juego es presentado por Castañeda a través de una suerte de ficción creada a partir de la ambigüedad entre lo figurativo y lo abstracto en que se debate cada rastro del pincel en sus pinturas, y en cada escultura que, en una especie de postura en transición, descansa acostada en un silla.
Entre líneas se puede leer el profundo interés que existe por la percepción de la naturaleza y de las formas a las que evoca dicha percepción. Pero sobre todo, se intuye la intención de presentar una naturaleza provocadora, sensual y un tanto mística que logre capturar emociones encontradas y profundas.
Escrito por: Danny Ortega













