GAINSBOURG, PROVOCADOR E IRRESISTIBLE
La sorpresa de todos –incluido el ruborizado presentador- era evidente. Houston, la popular cantante pop aun no salía de su asombro y no encontraba qué decir ante tal atrevimiento. Pero él, ebrio y convencido, sólo repetía la palabra “fuck” sin el menor titubeo. Así era él.
Nació en Francia, una soleada mañana de 1928. Sus padres no. Ellos huyeron de la revolución Bolchevique de 1917 que horrorizaba al pueblo soviético. Escaparon con lo poco que pudieron, y con menos que eso criaron a quien en su adultez sería una de las leyendas más amadas –y por qué no, odiadas- de Europa.
Serge Gainsbourg, con su barba a medio cortar, su cara de gárgola gótica y sus ojos saltados, acompañado siempre de su cigarrillo, era un hombre razonablemente feo, o al menos no era guapo. No, no lo era. Sin embargo, hay que dejar claro de una vez, que las mujeres que amó eran las más hermosas de la época. Su voz, su personalidad, su irreverencia y su popularidad, enamoraron a divas que cantaron junto a él, como Brigitte Bardot y Jane Birkin, con quien tuvo a su hija Charlotte.
Tal vez su canción más conocida –y una de las más polémicas- es “je t’aime, moi non plus”, –lo que traduce, “te amo, yo tampoco”-, una canción que incluye los sonidos de un orgasmo femenino, interpretados por una de sus amadas: Jane Birkin. La canción fue inmediatamente censurada por los gemidos, juzgados como inaceptables por el público. Esta suerte la corrió no sólo en Francia sino también en España, Italia, Polonia, Islandia, Suecia y el Reino Unido. Por su parte, el Vaticano la tildó de “ofensiva”, lo que automáticamente la convirtió en la número uno de las listas inglesas en el año 1969. Ninguna canción había logrado hasta el momento una simulación tan perfecta de un acto sexual, lo que la colocaba como un ícono de la revolución sexual de los años 60’s.
El atrevimiento de Gainsbourg no paró ahí. También osó cantar una versión en reggae de La Marsellesa, el himno nacional de la República francesa, lo que le costó amenazas de muerte por parte de veteranos franceses de la guerra de Argelia. Lo hizo en el año 1978, con coros de Robbie Shakespeare, Sly Dunbar y Rita Marley, quienes ya habían entonado otras canciones con el siempre célebre Bob Marley.
El talento y la capacidad de composición de Gainsbourg eran innegables. Escribió canciones para más de 30 artistas, muchas de las cuales cantó en dúo con algunos de ellos. Su género era la “chanson francaise” pero eso no impidió que cantara en géneros como jazz, reggae, rap o incluso música afrocubana.
Gainsbourg no seguía a nadie, ya que su estilo era propio, único. Y así lo explotó. Se encargó de burlarse de todo, de jugar con las palabras, de retar a la sociedad con sus punzantes propuestas y de mostrarse como un seductor que a nada temía. La receta funcionó.
Hasta los últimos días de su vida bebió, fumó y amó como un quinceañero. El niño que nació un 2 de abril, y que aprendió tempranamente a tocar el piano, entregó su alma, ya en su madurez, un 2 de marzo en su Paris natal. Allá reposa su cuerpo en el famoso cementerio de Montparnasse, donde descansan otros grandes como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir o el gran poeta Baudelaire.



