A jugar
En qué momento nos dejamos engañar.
Quién dijo que un árbol no podía ser la casa de una legión de astutos guerreros y quién fue aquel desalmado que sacó de la casa a los miserables monstruos del escaparate. Pues no fue alguien diferente a nosotros mismos, conducidos por las manos rectificadoras de nuestros padres y maestros, quienes en su amoroso afán de adoctrinarnos, acabaron por dejarnos un poco tontos.
Cómo puede ser posible que hayamos dejado en el olvido los escondites, si eran el único lugar en el mundo donde estábamos a salvo; cómo es que cortamos las greñas de princesa, si eran las que se enredaban en las ramas para hacernos quedar un rato más en el bosque.
Definitivamente lo olvidamos, pero en esta edición hicimos nuestros mejores esfuerzos para recordar, para volver a jugar. Por eso esta vez traemos historias de aristocracias que dejan a un lado la rigidez y reúnen todas sus generaciones para jugar a atravesar campos de heno en carros destartalados, año tras año. Traemos relatos de personas que juegan a darle vueltas al mundo con mochilas colgadas y ningún itinerario, y traemos a todos esos que han podido recordar, que para sobrevivir en cualquier ciudad, se deben saber romper las reglas del juego.
Quit. Restart. Insert coin.












