“Nara, un juego de equilibrio entre revolución y arte”
Con claras influencias del manga, de los dibujos animados americanos, del graffiti y con un trasfondo muy punk, el artista diseña y da vida a niños y niñas de cabezas redondeadas y ojos expresivos que observan el mundo de manera diferente. Pintados con colores suaves y apastelados, los niños de Nara logran romper tanto la inocencia y delicadeza de una criatura de poca edad con miradas irritadas, inconformistas e incluso provocadoras, que dejan al espectador atónito. Armas, cigarrillos o guitarras son otros elementos que el autor usa para crear ese ambiente de protesta e incorformismo.
Nara rompe el estereotipo de la niñez y crea personajes de aspecto dulce cuyas miradas inquietantes observan y analizan su alrededor. El autor juega con la desmitificación de lo idílico, un juego donde los niños Nara se acercan a la psicología adulta y dejan de lado los juguetes de plástico para poseer artículos prohibidos. “Miren, las armas son tan pequeñas que parecen juguetes”, explicó en una ocasión el propio artista.
Es un juego a ser adulto, a criticar y señalar con el dedo aquello que le molesta, un camino al mundo adulto lleno de prohibiciones, obligaciones y tabúes que los pequeños endulzan con su aspecto acaramelado.
Un universo donde la inocencia pierde protagonismo y la perversión toma el mando y voz de la obra.
El arte de Yoshimoto Nara ya es objeto de estudio por expertos y de admiración por fanáticos de aquel estilo tan particular. En cierta ocasión un comprador pagó en una subasta de Christie´s la friolera de 36.000 dólares por una pintura llamada “Sé Feliz”.
Pero su trabajo no se queda encerrado en museos y galerías de arte. Nara diseñó una bicicleta para el famoso deportista americano Lance Armstrong, dejando así su marca a estilo de dibujos urbanos en la bici del ciclista.
No es todo pintura lo que concierne a su obra artística. El artista nipón ya ha desarrollado algunos proyectos arquitectónicos, como es el caso de la exposición en el CAC de Málaga (España). En esta exposición y con la ayuda del equipo artístico “Graf”, Nara construyó “La torre de Málaga”, una casa de madera de ocho metros de alto, donde los visitantes podían entrar y vivir durante unos minutos en el mundo de los personajes de Nara. Una casa donde ventanas y algunos techos estaban a escala infantil y donde pinturas, lápices y figuras estaban dispuestas en un desorden ordenado que reflejaba el universo Nara al 100%.
Un juego entre lo infantil y lo pícaro, donde el inconformismo y la rebeldía posee a esos personajes que invaden y enamoran al espectador.












