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[Arte]
Texto:
Álvaro Dols de Fashion Gossips fashiongossips.com
Fotografía:
Juan Pablo Valencia
Tema:
El contraste entre lo bizarro y lo naif, lo inocente y lo revolucionario, así es el juego de doble cara que Nara ofrece para encarar el mundo y la sociedad actual.
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“Nara, un juego de equilibrio entre revolución y arte”

El artista pop de culto Yoshimoto Nara invade el mundo con sus criaturas aniñadas de apariencia dulce pero de mirada inquieta e inconformista. De origen japonés, el artista de arte contemporáneo vive en la actualidad en Tokio pero sus exposiciones han pisado medio mundo, de Honolulu a Málaga y de Nueva York a Seúl.

Con claras influencias del manga, de los dibujos animados americanos, del graffiti y con un trasfondo muy punk, el artista diseña y da vida a niños y niñas de cabezas redondeadas y ojos expresivos que observan el mundo de manera diferente. Pintados con colores suaves y apastelados, los niños de Nara logran romper tanto la inocencia y delicadeza de una criatura de poca edad con miradas irritadas, inconformistas e incluso provocadoras, que dejan al espectador atónito. Armas, cigarrillos o guitarras son otros elementos que el autor usa para crear ese ambiente de protesta e incorformismo.

Nara rompe el estereotipo de la niñez y crea personajes de aspecto dulce cuyas miradas inquietantes observan y analizan su alrededor. El autor juega con la desmitificación de lo idílico, un juego donde los niños Nara se acercan a la psicología adulta y dejan de lado los juguetes de plástico para poseer artículos prohibidos. “Miren, las armas son tan pequeñas que parecen juguetes”, explicó en una ocasión el propio artista.

Es un juego a ser adulto, a criticar y señalar con el dedo aquello que le molesta, un camino al mundo adulto lleno de prohibiciones, obligaciones y tabúes que los pequeños endulzan con su aspecto acaramelado.

Un universo donde la inocencia pierde protagonismo y la perversión toma el mando y voz de la obra.

El arte de Yoshimoto Nara ya es objeto de estudio por expertos y de admiración por fanáticos de aquel estilo tan particular. En cierta ocasión un comprador pagó en una subasta de Christie´s la friolera de 36.000 dólares por una pintura llamada “Sé Feliz”.

Pero su trabajo no se queda encerrado en museos y galerías de arte. Nara diseñó una bicicleta para el famoso deportista americano Lance Armstrong, dejando así su marca a estilo de dibujos urbanos en la bici del ciclista.

No es todo pintura lo que concierne a su obra artística. El artista nipón ya ha desarrollado algunos proyectos arquitectónicos, como es el caso de la exposición en el CAC de Málaga (España). En esta exposición y con la ayuda del equipo artístico “Graf”, Nara construyó “La torre de Málaga”, una casa de madera de ocho metros de alto, donde los visitantes podían entrar y vivir durante unos minutos en el mundo de los personajes de Nara. Una casa donde ventanas y algunos techos estaban a escala infantil y donde pinturas, lápices y figuras estaban dispuestas en un desorden ordenado que reflejaba el universo Nara al 100%.

Un juego entre lo infantil y lo pícaro, donde el inconformismo y la rebeldía posee a esos personajes que invaden y enamoran al espectador.

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