¿Es posible viajar sin moverte de la ciudad donde vives?
En el caso de Madrid la respuesta es un rotundo sí. Las calles se atojan como destinos inexplorados y terrenos listos para descubrir. Dependiendo las baldosas que pisemos o las estaciones de metro donde nos bajemos, cada parte de este lugar nos lanzará de inmediato a ciudades diferentes.
Podemos volar por todo el globo terráqueo, casi sin salir del entramado de callejuelas de un barrio. Si no lo creen, síganme.
Primera parada: Lavapiés. Salgo por la boca de metro y al subir las escaleras, como una alucinación me encuentro en India. Sobre las aceras descansan mesas de metal acompañadas por sillas que esperan ser ocupadas. Los manteles de colores fuertes y chillones forman un mosaico de flores alegres y divertidas. Detrás de ellas, los rótulos de los restaurantes tienen nombres traídos de otro mundo y las cartas de comida lo confirman. Los platos se sirven en bandejas plateadas con aromas propios de esa tierra, basmati, curry, yogurt, una suerte de especias invade el ambiente, mientras por un momento te trasladas a las bulliciosas calles de Delhi.
Sin salir del barrio y subiendo un poco más allá, el paisaje cambia por completo. Las tiendas con letras orientales lo invaden todo. Sus vendedores de ojos rasgados fuman cigarrillos compulsivamente en el quicio de las puertas mientras sueltan palabras ininteligibles para cualquiera de nosotros. El ritmo es frenético, cajas y más cajas se van acumulando en el interior de los locales. Vestidos, juguetes, zapatos, toallas, collares, cuadernos….¡El mundo entero parece estar saliendo de esas cajas! Estoy en China.
Siguiendo con el paseo me doy de bruces con una teteria, las alfombras de colores crean dibujos interminables que casi nublan la vista. Olor a incienso y destellos de plata salen por sus ventanas . “Té moruno con hierbabuena “, reza un cartel que reposa en la puerta. Un poco más allá “Cous-Cous” y “Tajín”, “Comida típica de Senegal” y “Bolsos de cuero y chilabas”. ¡Hemos llegado a África! Sin necesidad de haber andado mucho.
Pero aquí no acaba todo, siguiendo por Argumosa y bajando hacia Atocha, un enorme museo contemporáneo se levanta como un gigante que lo domina todo, “Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía”. Un antiguo hospital ha servido para crear esta maravilla moderna. Sus ascensores exteriores y transparentes son todo un reclamo para los turistas. Su librería recoge grandes títulos del diseño, el arte y la fotografía. El interior del mismo invita a abandonarse a la contemplación, como no, delante del “Guernica” de Picasso, podrían pasar horas y no lo habrías descubierto todo en este cuadro. Se siente muy Nueva York.
Y así podríamos seguir, por París, Londres, La Habana, Roma y un largo etcétera. La palabra dualidad se queda corta para contar Madrid.
Hablaríamos de trialdad, cuatrialidad, y tendríamos que seguir inventando palabras para descubrir esta ciudad de las mil y una caras.
Luisa Monleón
Luisa Monleón
Para darle la vuelta al mundo, basta caminar unas cuantas cuadras por Madrid.







