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En algún lugar no muy lejano, a esta misma y a todas la horas, un maestro sentado en una roca solitaria enseña a sus jóvenes aprendices de magias milenarias, a controlar sus propios fraccionamientos y divisiones. Técnicas para ser el todo y a la vez ser una de sus partes.
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Mientras observan juntos un atardecer de fuego, el maestro explica fórmulas para volverse uno con ese atardecer, para ser nube a contraluz, cielo que anochece y sol que se despide. El aprendiz más curioso pregunta con los ojos a su maestro, cómo es que su pequeño cuerpo puede llegar a ser tan inmenso como el techo celeste que se erige enorme ante su mínima existencia.

El maestro toma aire para responder y le dice con serenidad: nuestras mentes son las que nos separan del universo. Cuando pensamos en las cosas, las codificamos, las nombramos, las condenamos a ser cosas y las alejamos de nuestro propio ser. Así aprendemos a diferenciarnos de los otros, a ser nombres, personalidades, posiciones y sociedades. Pero cuando logramos silenciar nuestros pensamientos y olvidar las etiquetas, podemos ser frío y caliente, podemos ser afuera y adentro, dulce y salado, cielo, río, montaña y serpiente. Olvídate a ti mismo por un instante y podrás ser ese atardecer.

Somos pequeños niños todavía, aunque las arrugas estén a un paso de hacerse realidad. Aún somos aprendices. Por eso, para nuestra edición número 6 quisimos aprender sobre la dualidad. Visitamos ciudades de sol y nieve, encontramos en un libro a una princesa con cola de dragón, viajamos a china a comprar originales y copias, y nos pusimos zapatos nuevos con diseños viejos; pero al final, entre el blanco y el negro, nos gustó más el gris. Después de entender la dualidad, preferimos no creer en ella.

Por eso esta vez no los invitamos a leer, sino a ser eso que leen, a dejarse seducir por el erotismo de dos cuerpos que se vuelven uno, a dejarse llevar por la sensualidad de incorporarse, de involucrarse, de amalgamarse en un baile cadencioso con el mundo. Los invitamos a no pensarlo mucho, a entregarse para contemplar cada texto, cada idea y disfrutar cada palabra como parte de ese Todo al que estamos unidos con hilos invisibles.

Para leer esta edición, pueden dejar el Yo colgado tras la puerta.

[editorial]
Texto:
Lina Tono
Fotografía:
Juan Pablo Valencia