Imágenes cortesía de: LOT-EK
Como los niños juegan a construír con bloques, el estudio neoyorquino LOT-EK hace que esas construcciones de juguete se vuelvan realidad.
Así se le dio vida a esta estructura colorida ubicada en Corea del sur, sede de la escuela pública de artes de la ciudad de Anyang, APAP OpenSchool.
La línea marcadamente industrial es una marca registrada de LOT-EK quienes aprovechan las bondades de estos tipos de materiales (laminas de latón, vidrio, acero, etc) para construcciones de programas múltiples: residencias, centros culturales, comerciales, educativos. El resultado tiene bastante de producto humano y de actual, y poco de natural y de orgánico. Son propuestas extraordinarias para usos ordinarios.
La forma de la APAP OpenSchool es la composición de 8 containers que se articulan para dar forma al edificio bajo un equilibrio juguetón. Crear una estructura armoniosa a base de containers tiene su riesgo. El container es símbolo de traslado, de carga, de relleno.
En ningún punto histórico anterior este tipo de objetos se habían percibido como bellos; se trató siempre de elementos estrictamente funcionales. He ahí el golpe de avanzada de estos proyectos: despliegan el tradicional lujo del mármol, de la madera y el cristal para establecerse con contundencia como una nueva propuesta.
Usted va navegando por el Río Anyang acompañado de un paisaje de bosque y de repente aparece algo que parecería de lejos un pedazo de chatarra abandonada. Es una marca del tejido urbano de Anyang en medio de un pequeño espacio agreste.
Cae en cuenta entonces que se trata de un edificio. El diseño gráfico con texto en la fachada le informará que ésta es una institución.
Se acerca… ingresa… lo primero que encuentra es un contenedor. Usted ya no juega solamente el papel de usuario, sino que también será espectador, observador del río.
Se pasea por las 3 áreas intercomunicadas para empezar una secuencia de experiencias espaciales diversas:
Entra primero a una sala que le recordará un anfiteatro. Desde acá usted se sorprende con la vista de la bahía del río.
Sube un poco más y es testigo de la transformación del espacio libre debajo de la estructura que lo convierte en un área para presentaciones. Divisa el siguiente container, una invitación a acceder a los niveles superiores.
Llega al segundo nivel: un espacio enorme con un salón de reuniones y de exhibiciones. Se acerca a un par de artistas que lo invitan a conocer sus estudios mientras realizan sus residencies en Corea.
Se asombra con la amplia vista panorámica que le muestra el contraste entre el golpe urbano de Anyang y la resistencia natural que permanece. Todo dentro del mismo barrio que rodea la APAP OpenSchool.
Finalmente, asciende una escalera, construida dentro de otro container, que lo llevará al último piso de este edificio: Una larga terraza se extiende sobre el Anyang como un trampolín cuya posición suspendida lo tenta a saltar sobre el paisaje impresionante.
Ha llegado a la cima. Tuvo una experiencia arquitectónica, ecológica, urbana, artística. Pensaba que el río había muerto. Que se lo había tragado la urbe… pero ahora su bahía se viste de contemporánero, de jóven. El Anyang se contecta a través de este edificio con la ciudad para formar un espacio de reunión, de descanso, de creatividad y de contemplación.







































